HOMENAJE A PAULA ALBARRACÍN DE SARMIENTO
Las redes que tejió Paula. Charla didáctica a cargo de la profesora NORMA FERNANDEZ DOUX, pronunciada en el Salón de Actos el día 30 de octubre de 1998, invitada por la Srta. Vice-Directora Prof. Silvia Inés Broguet. Escrita para la página Webb de la Institución en fecha Marzo, 08 de 2007.
La prof. Fernández Doux es Miembro de Número del Instituto Sarmiento de Sociología e Historia (Buenos Aires) y pertenece al Área Capacitación. Rectorado. Universidad Autónoma de Entre Ríos.
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Recuerdo que en oportunidad del cincuentenario de su fundación, los directivos del Liceo “Paula Albarracín de Sarmiento” me invitaron a dar una charla didáctica sobre la madre del prócer. ¿Cómo encarar la vida y la personalidad de una mujer nacida en tiempos coloniales, en aquélla lejana San Juan, frecuentadora de hábitos antiguos, aún para sus propios hijos y presentarla a un inquieto y bullicioso auditorio juvenil? – me pregunté.
La responsabilidad, si bien asumida de primera intención y con el mejor espíritu de colaboración entrañaba el compromiso de presentar a los jóvenes un perfil sugerente que les dejara un mensaje significativo, a pesar del tiempo transcurrido entre sus respectivas experiencias existenciales; con los colegas, que confiaban en que eso fuera posible a través de mi palabra, y ante la institución mismo cuyo nombre ostenta.
De manera que tendría que pensar cómo y con qué elementos construiría el relato y frente a los jóvenes, cómo lo expresaría para atrapar su tención en una relación pedagógica satisfactoria para ambas partes, en un proceso único. Construir el relato me demandaba apelar a distintas fuentes de inspiración, como la pintura, a lo que agregaría la literatura bíblica, sociológica y filosófica buscando nuevos significados al texto de Sarmiento.
Recordé que había observado largamente una buena reproducción tamaño original de “Las colchas”, de Fernando Fader, donde pudo recrearse magníficamente, el ámbito, el clima, el trabajo femenino regido por el matriarcado norteño, en la línea del impresionismo alemán, cultivado por el célebre plástico. Horas de observación fueron poniendo de manifiesto detalles apenas insinuados por el hábil manejo del pincel, sombras, gestos, actitudes, miradas centradas en la obra ya terminada, recreando mentalmente las operaciones preliminares a la realización, la disciplina puesta en juego, la conversación jugada entre las mujeres de la casa, el ir y venir de la lanzadera, la lana, la seda, mientras los hilos se enlazaban de distintas formas armando la trama maravillosa del tejido, en el diáfano escenario de la tarde.
También interrogué lo “Paisajes de San Juan” de Lino Eneas Spilimbergo, hurgando por entre los suburbios en las noches de luna, persiguiendo fantasmas eternamente recreados por las tradiciones lugareñas; huidas entre las sombras en medio de arenales desérticos, deshabitados de fauna y flora, con una mirada de profunda melancolía; y recorrí una vez más algunos de los textos pintados por Andrés Labaké mostrando la tierra herida sosteniendo obstinadamente la barca de la vida en medio del desierto solitario, de huellas sin hombre, sobre la aridez del paisaje.
Y con esas imágenes en los ojos, volví a leer “La historia de mi madre” y “El hogar paterno” en Recuerdos de Provincia, transversalizándolos desde la mirada metafísica que me permitiera nuevas lecturas significativas.
Pero eso no era todo, Además de la riqueza de la pintura, necesitaba otras fuentes trabajadas sobre nuevas conceptualizaciones y lenguajes. Y allí estaban: Foucault; Derrida; Sarlo; Frigerio; Saer; clásicos modernos y antiguos capaces de remontarnos en búsquedas hermenéuticas hasta aquella Penélope homérica que tantos rasgos tiene en común con nuestra Paula Albarracín.
Y también estaban los libros sapienciales del Antiguo Testamento (Génesis; Nehemías; Deuteronomio; Job; Jueces; Samuel; Reyes) recuperando el simbolismo de la higuera; del tejido, para la tradición recreada por el folklore judío y las leyendas argentinas, entre otros.
Recién entonces pude comenzar a reunir los hilos de una trama que atrapó a mi joven auditorio y que escribo con el sólo afán de ayudar a tejer nuevas redes que pongan “nudos al desnudo” para continuar profundizando el rol protagónico que en su tiempo satisfizo esta mujer y cuyo nombre lleva la institución a propuesta de la expectora Prof. Graciela Etchebehere de Levene, desde 1961. Como Paula, la “escuela-madre” es “la tierra viviente a la que adhiere el corazón como las raíces al suelo”; “es quien conserva la memoria de antiguos hechos de todos olvidados” y posibilita las nuevas construcciones de las generaciones más jóvenes, porque en ello radica su plenitud de sentido.
Pero volvamos al texto-base, Al describir la casa de su madre en el oscuro barrio del Carrascal, Sarmiento recuerda “la sala de recibo con su estrado alto y sus cojines, resto de las tradiciones del diván árabe conservado por los pueblo españoles y legado a la América hispana…”“Era el lugar donde sólo se sentaban las mujeres reclinadas sobre almohadones siguiendo lo poética tradición oriental; donde la madre tomaba el mate por las mañanas con su brasero y caldera de agua puestos enfrente, en el piso inferior; o devanaba sus madejas; o llenaba sus canillas de hilo para la tela del día siguiente”.
¿Por qué, se pregunta el prócer, se ha consentido en dejar desaparecer el estrado… tan cómodo en la manera de sentarse, tan adecuado para la holganza femenil? Pero aquél estrado revelaba que los hombres no podían acercarse públicamente a las jóvenes, conversar libremente y mezclarse con ellas, como lo autorizan nuestra nuevas costumbres, y fue sin inconvenientes repudiado por los mismas que lo habían aceptado como un privilegio suyo. Y cedió su lugar en casa, a las sillas…”
Recuerda las dos mesas de algarrobo heredadas de generaciones pasadas; los cuadros al óleo de Santo Domingo y San Vicente Ferrer “ligados a las afecciones de familia por la orden de los predicadores”; la higuera patriarcal “que sombreaba aún en (su) infancia aquel telar de (su) madre, cuyos golpes y traqueteo de husos, pedales y lanzadera (lo) despertaba antes de salir el sol”; “todos ellos más tarde, personajes de un drama de familia en que lucharon las ideas coloniales con la nuevas “ impiadosamente.
“Todo permaneció hasta que llegadas a la adolescencia (sus) hermanas mayores provocaron una revolución interior que costó dos años de debates y a (mi) madre gruesas lágrimas al dejarse vencer por un mundo nuevo de ideas, hábitos y gustos que no eran aquellos de la existencia colonial de que ella era el último y más acabado tipo”.
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“Encontró la manía de destruir la tarima, con su alfombra y sus cojines y sustituirlas por sillas; luego los objetos sagrados… y finalmente la higuera”. “Todos los días, a cada hora, con todo pretexto, el debate se renovaba y de una concesión en otra el espíritu de mi madre se fue ablandando poco a poco”.
Deliberadamente hice este rico recorte sobre el texto para destacar el proceso doloroso que supone todo cambio, el que terminará siendo -asumido a pesar de las resistencias-, como metáfora de la misma situación adolescente, de la continuidad del tiempo, del esfuerzo demandado y de la vigencia actitudinal de la industriosa sanjuanina como paradigma desde el inicio de los tiempos patrios, de la necesidad de posibilitar los cambios que los nuevos tiempos reclaman. Era una expresión de sabiduría en Paula, como la que simbolizaba su higuera.
Quién siendo adolescente, no se ha planteado sus ansias de cambiar estructuras, sustituyéndolas por otras que respondan mejor a los nuevos usos, a la época, a lo instituyente frete a lo consagrado, a una innovación de objetos, palabras, ideales, movilizadotes de aptitudes latentes que están buscando canalizarse desde nuevas formas del pensar y del hacer?Paula comprendió esta necesidad de sus hijos jóvenes y la posibilitó como la escuela-madre, cuando sobre los base de un proyecto compartido genera oportunidades de crecer con alegría porque es “tierra viviente” donde “los plantadores” deben hacer crecer los frutos necesarios para la vida desde su arte y oficio de educador.
“Hacer ver” el tránsito doloroso de un estado de cosas a otro; “mostrar” el proceso de cambios generado por nuevas épocas y la oportunidad de incorporarse a los mismos para poder satisfacer las demandas de la sociedad; “comprometerse” con su tiempo, demostrando que el esfuerzo vale; crear conciencia yposibilitar construcciones porque el futuro comienza hoy, esparte de la tarea donde texto y contexto se ensamblan buscando sentidos.
Con delicadeza y fuerte convicción engarcé estos pensamientos y fui profundizándolos apelando a sus propias vivencias juveniles, no muy distintas seguramente en el reclamo, a las de Bienvenida y Paula, adolescentes como ellos refutando a la madre, requiriendo lo más nuevo, no ya en términos de tarimas, objetos sagrados o higueras, sino en ropa de marca, plasmas, computadores portátiles o celulares de última generación. Otros tiempos, otra tecnología, pero la misma apelación de lo nuevo ante la consagrado. La vida nueva reclamando espacios para armar nuevos escenarios por entre las fracturas que muestra el desgaste de lo ya vivido.
Recuerdo con ternura y agradecimiento los rostros ávidos que llenaban el Salón de Actos; las preguntas planteadas con posterioridad; la sensación de haber dejado algunas semillas que algunos recogerían dedo el interés con que habían seguido el relato y entonces comprendí una vez más que es posible; que la famosa sentencia aristotélica continuaba teniendo vigencia en el diálogo necesario entre educandos y educadores; que el conocimiento se construye entre todos desde lo cotidiano y sus posibilidades de trascender; que la casa como espacio simbólico de educación y la escuela como gran matriz de significados inspirados en el ejemplo de una gran mujer, posibilitaban a Paula superar barreras temporales y reafirmaban su espacio desde el patronazgo de su Institución.
Notas bibliográficas:
- Sarmiento, Domingo F. Recuerdos de provincia. Biblioteca Mundial Sopena. 2da. Edición. Editorial Sopena Argentina SRL; Buenos Aires, 1941. Cap. La historia de mi madre (pág. 91 y ss); El hogar paterno (pág. 99 y ss).
- Fernández Doux de Demarchi, Norma. El Colegio de Pensionistas de la advocación de Santa Rosa de América, dirigido por D. Domingo Fautino Sarmiento. San Juan (Argentina) (1839-1841). Homenaje en los 150 años de su fundación. Ensayo. Trabajo final de adscripción. Cátedra: Política educacional argentina. Profesorado en Filosofía y Pedagogía. Instituto de Enseñanza Superior de Paraná. Año 1990 (inédito).
- Antiguo Testamento. A. Libros históricos. En Pentateuco. Génesis (3,7) Deuteronomio (8,8) Nehemías (13,15). B: Libros sapienciales. Job (7,6). También Jueces (9,11). Samuel (25,18) y Reyes (1, 4, 25).
- Rappoport, Angelo S. El folklore de los judíos. Editorial Israel. Buenos Aires, 1941, 46
- Vidal de Batín, B. Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Ediciones Culturales Argentinas; Buenos Aires, 1984. Tomo VII.
- Villafuerte, Carlos. Diccionario de árboles, arbustos y yuyos en el folklore argentino. Plus Ultra; Buenos Aires, 1984, 78.
- Universidad de Hrvard (Massachusetts NE) – Universidad de Bar-Ilan (Israel). Investigación: La higuera, primer cultivo doméstico.
- Obras de arte estudiadas para plantear el contexto:
- Fader, Fernando (1882-1935).
Las colchas (s/f); Al solcito (1922) (óleo).
- Spilimbergo, Lino Enea (1896-1964)
Serie: Paisajes de San Juan (óleos).
La higuera de la casa de los Sarmiento (1920) (aguafuerte).
Mujeres sanjuaninas (1924) (óleo).
Serie: Construcciones simbólicas en tierras heridas (2004) (ETH)
- Homero. Odisea (varias ediciones). Estudio sobre Penélope.
- Gobierno de la Provincia de Entre Ríos. Consejo General de Educación. Dirección de Enseñanza Superior. UNER. Facultad de Ciencias de la Educación. Circuito E. Capacitación para profesores del nivel superior de la enseñanza. Curso: Pedagogía-Didáctica (1997-1999) Distintas reflexiones sobre el tejido (Graciela Frigerio; Beatriz Sarlo; Michel de Foucault; Jacques Derrida; Juan José Saer; José Saramago y otros) en material del Curso.
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